Mes: abril 2015

EL JACINTO, LA FLOR DEL DESAPEGO

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Según el lenguaje de las flores, el jacinto significa constancia, cariño y gozo del corazón. Su flor es muy hermosa, irradia luz y alegría en casa, además de una fragancia intensa, delicada y fresca. Solo florece una vez al año, en primavera; y su flores tienen forma de racimos que surgen del centro de las hojas, cada uno con pequeñas brotes del mismo color.

Jacintos

Al jacinto se le conoce también como la flor de la perseverancia, pues para  tener una nueva floración el próximo año, es necesario realizar un cuidadoso y largo proceso de conservación de los bulbos que quizá, la próxima primavera den lugar a la nueva flor.  Se trata de una tarea larga y un poco laboriosa, que no aporta garantía alguna de que la planta vuelva a florecer.

Ahora mismo, mis jacintos están en su máximo esplendor, algunos de sus bulbos floreciendo todavía. Pero en algunas semanas sus flores se marchitarán y desaparecerán.

La flor del jacinto me sugiere reflexionar sobre el desapego, y ponerlo en práctica.

Vivir con desapego es disfrutar plenamente de lo que la vida nos ofrece en el presente, aceptando la realidad y los hechos que devienen en cada momento. Puedo disfrutar de mis flores, de su aroma, de la energía positiva que aportan a mi hogar, aun sabiendo que son transitorias, que están cambiando en cada comento, y que no permanecerán para siempre.

Todo a nuestro alrededor cambia constantemente, incluidos nosotros mismos y las personas que amamos. Desapegarnos, tanto de lo que valoramos como positivo, como de lo que consideramos negativo, es el sostén de nuestra libertad. Lo que nos permite vivir el presente con todo lo que nos ofrece, sin añorar algo del pasado o condicionarnos sobre lo que sucederá en el futuro. Cuando podemos vivir así, permitimos también a los demás ser más libres.

JacintoPuedo ser más flexible y abrirme paso a las posibilidades, me libero de la rigidez de mis expectativas, y me descubro a mí misma sin la necesidad de tener seguridad y garantías. Cuando puedo comprender que el cambio o la pérdida es inevitable, me hago más tolerante a la incertidumbre, y puedo vivir con mayor plenitud.

Puedo aceptar que mis flores un día se marchitarán, que un día tendré que soltar de la mano lo que amo, aunque eso no signifique dejar de amarlo.

Es gozar de la libertad de actuar con desprendimiento, sin exigencias en cuanto a los resultados. Puedo cuidar mis plantas y poner toda la intención y mimo para que la próxima primavera florezcan, pero es maravilloso y pacificador no saber lo que sucederá. Me sumerjo en la incertidumbre, sabiendo que estoy en el mundo de las posibilidades. Así, cuando acepto y cedo mi ansia de control, mis miedos se desvanecen. Podrán florecer o no florecer, volverán o no volverán las oscuras golondrinas, pero ya mi felicidad no depende de ello.

*En la filosofía del Yoga a esto se le conoce como Karma Yoga: la práctica de la acción desinteresada que no se apega a los resultados.

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FLORECE EN MÍ, PRIMAVERA

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Aunque “en abril, aguas mil”, aunque todavía estén por venir algunas tardes de frío y algunas otras de viento, ya está aquí la promesa de los días cálidos, de las lluvias suaves que se despiden con arco iris. La certeza de que el sol volverá a brillar y a calentarnos.
La primavera es la estación de máximo esplendor en la naturaleza, cuando de forma más evidente se manifiestan los fenómenos de renovación, florecer, expansión y crecimiento. Una explosión sensorial que estimula nuestros sentidos y nos conecta también con el placer y la sensualidad. Es ella, la que la sangre altera.
13723205_sEs una buena época para iniciar planes y proyectos. Podemos aprovechar esta energía y florecimiento para tomar contacto con nuestra expresión creativa, para atrevernos a soñar e imaginar. Contactar con el impulso de expansión,  descubrimiento y  exploración de nuevas facetas que enriquezcan nuestra vida, nuestra expresión auténtica y contento interior.
Con la primavera se despiertan nuestras pasiones, esas que nos animan a perseguir los sueños y a contactar con nuestra esencia (lo que realmente nos motiva y nos hace vibrar). Escuchar nuestra pasión y entusiasmo es vital para vivir en armonía, pues solo así podemos expresar nuestra autenticidad y ser creadores  libres de nuestra propia vida.
Cuando estamos equilibrados en primavera, nos sentimos abiertos al amor, fuertes, tranquilos y estables. Sin embargo, si estamos en desequilibrio, podemos sentir letargo, cansancio o apatía, además de ser más propensos a los resfriados y alergias.
La práctica de Yoga  durante la primavera,  además de aportar armonía y estabilidad, ayudará a que nos sintonicemos con la estación, siempre que adecuamos la práctica, a las necesidades del cuerpo y de la mente.

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Es una época ideal para realizar prácticas  de Yoga más intensas, que integren los aspectos dinámicos, de actividad, apertura y expansión, propios de la estación primaveral, que despierten nuestro cuerpo del letargo del invierno, y que vayan a favor de nuestro impulso natural de movimiento y acción.
Es el momento de realizar posturas que generan calor y vitalidad, como Vinyasas, Saludos al sol (Suryanamaskar)  y secuencias de âsanas  creativas y estimulantes, que ayuden a eliminar toxinas y a activar el fuego vital, relacionado con el plexo solar, la digestión y purificación. 
Posturas de fortaleza y equilibrio que requieren gran concentración y actividad, o posturas nuevas que representen un reto para nosotros. Las torsiones serán fabulosas para devolver la elasticidad y tonicidad a la columna vertebral, a la vez que masajean los órganos abdominales, especialmente el hígado y la vesícula bilial, asociados por algunas medicinas orientales, a la estación primaveral. Nos sentarán fenomenal las extensiones de la columna y apertura del pecho que generan contento, mejoran la autoestima y nos disponen a relacionarnos compasivamente, hacia nosotros mismos y hacia los demás.

 

 “El significado de la primavera no sólo la busques fuera de ti, hállala en tu interior porque así experimentarás la riqueza de la vida”.  Abel Pérez Rojas