Mejorar la capacidad vital con la respiración

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Pranayama - YoguiFeliz

La respiración es la única función fisiológica que se puede realizar de forma automática o controlada.

Los ejercicios de respiración consciente y controlada que se realizan en el Yoga (Pranayama), además de favorecer la relajación, mejoran la actividad pulmonar y ralentizan el ritmo respiratorio, no solo durante la práctica, sino que poco a poco se incorporan a la memoria del cuerpo.

Se dice que cada cuerpo tiene asignado un número de respiraciones hasta la vejez y la muerte. En nuestra mano está darle calidad a esas respiraciones, alargarlas todo lo posible, y así mejorar nuestra capacidad vital.

El Guerrero I (Virabhadrasana I)

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Virabhadrasana I (El Guerrero)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es una postura vigorosa que fortalece la columna vertebral, la musculatura de las piernas, la musculatura interna de la pelvis y las articulaciones de rodillas y tobillos. Los brazos realizan un profundo estiramiento, a la vez que se suavizan y descongestionan los músculos de los hombros y del cuello.
Expande el pecho, mejora la capacidad pulmonar y facilita la respiración profunda. Abre la cadera y fortalece el conjunto de la pelvis.
Gran postura de enraizamiento y de conexión con el poder personal.

Parivrtta Utkatasana (La Silla con torsión)

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Parivrtta utkatasana YoguiFeliz

Halloween: miedos, fantasmas y monstruos que necesitan abrazos.

Como estoy en el mat, estoy en la vida

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A la hora de practicar yoga, a menudo comparamos lo que estamos experimentado en el momento, con las sensaciones, la concentración, el equilibrio o la postura que conseguimos en ocasiones anteriores. Creemos que lo que lo que valoramos como un logro alcanzado se repetirá a modo de patrón. Pensar “ya me he aprendido esta postura” es una especie de intento de control que buscamos, no solo en el yoga, sino en casi todas las facetas de la vida.
Y podemos sentirnos frustrados cuando descubrimos que cada día la práctica es distinta, y que en muchísimas ocasiones nos encontramos de nuevo como principiantes. Esto es en realidad un regalo: la oportunidad de descubrir algo nuevo cada vez. Para ello, solo es necesario rendirse a lo que suceda, abandonar el afán de control, de perfeccionismo y las expectativas.

yoga-hands-matLas posturas que realizamos, aun siendo las mismas, serán diferentes cada día, porque nosotros estamos en continuo cambio. Lo que pensamos o sentimos dentro de la esterilla es un reflejo de cómo estamos en ese momento de la vida. Siempre aparecerá algo nuevo y necesitaremos realizar nuevos ajustes: después de días o meses experimentando de una manera, de pronto descubro un nuevo matiz, o comprendo algo, o me doy cuenta de que mis sensaciones o mi percepción son distintas.
Por eso un âsana (postura) en realidad no se puede aprender. Aprendemos lo ajustes, aprendemos el camino, pero el âsana solo se puede habitar.

La verdadera flexibilidad en el yoga consiste en adaptarnos a nuestros propios cambios y acogerlos con honestidad y sin juicios. Se trata de rendirme en cada práctica a lo que es, a lo que hay en mí. Escuchar a mi yo presente con toda la compasión que sea capaz, dándole espacio para ser y para sentir lo que sea que necesite: cómo está mi cuerpo hoy, mis músculos, mi estómago, si me siento alegre, enfadada, sensible, cansada, apática, eufórica… Ahora tengo la oportunidad de observarlo y reconocerlo. Por eso el yoga solo puede ser ahora.

yoga-matA veces puede suponer un reto entrar en la esterilla, pues no se trata de poner en funcionamiento el cuerpo y hacer ejercicio físico, sino de atreverme a estar un rato conmigo misma y ver lo que me encuentro. Y tal vez haya días en que no me apetece practicar yoga, porque siento cosas que no me apetece confrontar: si estoy enfadada, si no me siento bien con mi cuerpo, cuando estoy malhumorada o triste… Quizá lo que me resulta más fácil, mi respuesta automática es ponerme a ver una serie en el sofá, ir al gimnasio  o hacer cualquier otra actividad con la que pueda evadirme y desconectarme (que también es necesario a veces, pues estar con plena conciencia todo el tiempo en esta sociedad, seguramente sería agotador).

Pero en el yoga no hay evasión, sino encuentro, por eso nos sentimos tan bien al final de la clase. Desde cualquiera que sea mi estado de ánimo o el estado de mi cuerpo, puedo entrar en el mat.  Quizá sean los días en que menos me apetece ir a yoga, cuando más necesito reconocer lo que me ocurre y escucharme. Lo que me está disgustando, lo que me molestó en el trabajo, o simplemente permitirle a mi cuerpo relajarse y equilibrarse.
Concederme esa escucha sin juicios y sin exigencias, esa compasión que es como un gran abrazo interior.
Pues no hay nada tan sanador como la aceptación de lo que soy y de lo que hay en mí; y nada que pueda llenar mejor algunos de nuestros vacíos más profundos, que nuestro propio reconocimiento y compañía.
Así de simple, y tan a nuestro alcance como estar en el momento presente.

 

Vrksasana (El Árbol)

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Vrksasana (El Árbol)

Es una postura de equilibrio que busca la estabilidad dentro de los infinitos micro-movimientos y ajustes. Como un árbol, el pie simboliza las raíces en el suelo y conexión con la tierra; pelvis, abdomen y columna son el tronco fuerte y erguido; y los brazos las ramas que crecen hacia el cielo.  La respiración fluye a través del espacio interior y es el anclaje para lograr la concentración y el equilibrio.

Las cualidades físicas que desarrolla son: corrección de la postura de la columna, apertura de caderas, expansión  del pecho, fortalecimiento de la musculatura de las piernas y de las articulaciones de rodilla y tobillo.

Las mismas habilidades de equilibrio y fortaleza que se desarrollan en el plano físico, se desarrollan en el plano mental.  Mente y cuerpo se unen, de forma que para mantener la postura se necesita gran concentración mental y silencio interior.
Cultiva la fuerza de voluntad y enfoca la mente para alcanzar objetivos. Aporta confianza, serenidad, equilibrio emocional y desarrollo de la atención mental pura.